Soledad

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El pasado domingo, mi hijo se fue a Ciudad de México a pasar vacaciones de verano con su papá, cosa que considero sana, justa y necesaria tanto para ellos dos, como para mí.

Que racionalmente lo piense así, no quiere decir que no me confronte con uno de mis monstruos imaginarios personales. Con ese, llamado Soledad.

A medida que se acercaba el momento del viaje, el miedo y la tristeza se iban apoderando de mí. Podría sonar exagerado, se trata sólo de un mes y se fue al Distrito Federal, no a la “Conchinchina”, hoy en día hay muchos modos de mantenernos en contacto gracias al Internet y al celular, en fin, ¡que no es algo del otro mundo! Pero resultó que para mí, sí lo fue.

Estuve conteniéndome todo el rato hasta que lo perdí de vista. Una vez que entró al área de salas de abordaje, me solté a llorar. Me acompañaba al aeropuerto mi mejor amigo, venezolano como yo, alguien que ha sido mi hermano por elección aquí en Guadalajara. Mientras íbamos a pagar el estacionamiento, yo era una máquina de sollozos (abundantes lágrimas y mocos incluídos). En ese trayecto, en el que mi estado inevitablemente atraía las miradas de la gente, él me dijo con tono consolador: “¿por qué lloras?, ¡si tu hijo iba bien contento!”, a lo que yo respondí en medio del llanto y con voz entrecortada: “¡Ya sé, pero por quien lloro es por mí!, ¡Tengo terror de estar sola!”.

Después de un rato de gimoteos y ya en el auto de regreso a casa, comenzamos a platicar de otros temas, también nos reímos y aunque me sentía más tranquila, aún tenía temor de llegar y encontrarme con el “nido vacío”. Mi amigo me dejó en la entrada del edificio donde vivo, nos despedimos y se fue, no sin antes recordarme que estaríamos en contacto y que todo iba a estar bien.

Desde hace años me he enfocado con especial atención en el desarrollo humano y la espiritualidad. Muchas veces he pensado y dicho frases del tipo: “si no puedes estar contigo mismo, nunca podrás estar con alguien más” ; “la soledad es la realidad de la vida, porque solos nacemos y solos morimos”; “Tú mismo debes ser tu mejor compañía”. Cuando entré a mi depa, si alguien me hubiera dicho algo así, lo habría mandado por un tubo, por decirlo bonito.

Ok, estaba mi perra, se puso muy contenta al verme, la adoro y la amo con todo mi corazón, pero esa sensación de ausencia que tenía no se me quitaba, y así comenzó mi semana.

El constante silencio día tras día, dormir y despertar sin escuchar un “buenos días” o “buenas noches”, sin un beso o un abrazo, no tener a alguien (humano) con quien interactuar en casa, comer sola, ver tele sola, salir  y regresar del trabajo sola, ¡todo sola!, me puso muy triste y desanimada.

Decidí dosificar llamadas y mensajes a mi hijo, luego de haber hablado con él el lunes y que me dijera: “mamá, ¡no me estés marcando a cada rato, estoy bien!” (no le estaba marcando a cada rato, ¡no hablábamos desde el día anterior!), pero he de decir que aunque no me cayó muy en gracia que me lo dijera, también me gustó que le pusiera un límite a mi neurosis. Son sus vacaciones, su tiempo para compartir con su familia paterna y debe entregarse a disfrutarlo y no a preocuparse porque “su mamá lo extraña”. De modo que he estado mandando uno que otro mensaje cariñoso, evitando el drama, y no le volví a llamar. El Amor jamás está en duda y el respeto es parte fundamental de amar.

Lunes, martes, miércoles, jueves… ¡el viernes me dí cuenta! Esta vez en serio, lo comprendí más allá de la razón, de manera profunda e integral.

Vi claramente que puedo elegir disfrutar de estos días como se me antoje, puedo entrar y salir sin apuros y sin preocuparme porque tengo que hacer la comida o porque mi hijo este esperándome. Puedo preguntarme en cada momento y con total libertad a mí misma: “¿y ahora qué quieres hacer mi reinita?”. ¡Esto es maravilloso, motivante y energetizante!

Lo mejor del asunto, es que cuando mi hijo regrese, no me va a encontrar hecha trizas ni a punto de enloquecer, sino contenta y radiante y habremos podido ambos disfrutar plenamente de unas maravillosas vacaciones.  Con esta comprensión lo libero, me libero y también me entrego a hacer de cada uno de los siguientes días en soledad, algo que me llene, me alegre la existencia y realmente valga la pena.


Te invito a ver el resto de mis publicaciones en la Página de Inicio y, si son de tu agradado, a compartirlas. ¡Muchas gracias por leerme!

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