¿Cómo administrar mi tiempo?

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Infinity time. Digital generated

Hay algo que racionalmente sabemos, pero que en la práctica muchas veces parecemos no entender: No todo puede hacerse simultáneamente. Por ello es imprescindible jerarquizar lo urgente, lo importante y lo que puede esperar.

También es necesario dejar de ver al tiempo como a un amo, como a un enemigo, como un misterio, como esclavo o como árbitro de nuestras vidas. La mejor manera de asumirlo, es como un factor neutral, que fluye y existe mientras determinamos lo que deseamos hacer con él.

Ideas y hábitos que desechar:

  • Abandonar la idea de hacer algo porque es “muy tarde” o “muy temprano”.
  • Formarse hábitos personales inflexibles fijados al reloj.
  • Ver al tiempo como un enemigo, nos prepara para una batalla sin fin. Cuando la mente está casi constantemente en estado de guerra, pocas experiencias, pocas relaciones, y hasta pocos logros y momentos felices pueden apreciarse en su totalidad.
  • Creer que el tiempo está completamente fuera de nuestro control.
  • Preocuparse acerca de consecuencias imprevistas.
  • Negarse a tomar compromisos de tiempo muy definidos.
  • Vivir en el pasado o en el futuro.
  • Evitar ser espontáneo.
  • Buscar precisión cronológica absoluta.
  • Mezclar al tiempo con el sentimiento de culpa, nos lleva a mentir y encubrirnos con frases como: “robar un momento” o “escaparme para un descansito”.

Ideas y hábitos que adoptar:

  • Mantenga ordenado y limpio el espacio en el que se desenvuelve.
  • Construya una lista diaria de “cosas para hacer” y refiérase a ella frecuentemente. Apunte acciones específicas en vez de objetivos vagos.
  • Escriba sus pendientes en orden de prioridad y actúe de acuerdo a ello.
  • Mantenga la lista relativamente corta, por ejemplo, de 5 a 10 cosas que atender, de tal forma que pueda tener éxito al completarla.
  • Recuerde programar algún “tiempo personal” incluyendo una actividad o hobbie individual.
  • Al agendar eventos, incluya fecha y hora.
  • ¿Cuándo comenzar? ¡YA! – incluya como filosofía de vida lo siguiente: “Si está dentro de mis posibilidades, lo hago en este momento”
  • Permanecer siempre en el presente, el único tiempo real es “ahora”. Sólo por unos segundos, tal vez cinco o seis veces por día, deténgase y mire a su alrededor. Sea consciente de que “aquí es donde estoy y esto es lo que estoy haciendo”.
  • Si algo lo perturba continuamente, confróntelo y resuélvalo. Ese “pendiente constante” es un ladrón de su energía y fuente de frustración y auto-desconfianza.
  • Limitar el uso del celular y redes sociales para evitar la procastinación. Sabemos que son altamente adictivos, comience a limitar su tiempo de uso y distinguir entre cuándo es necesario y cuándo no.
  • Siempre reserve un tiempo de soledad, reflexión y relajación.

Gracias por tu visita, espero que estos consejos te sean de utilidad. Si te agradó, ¡comparte!

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El Río…

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“No te bañas dos veces en el mismo río”

Heráclito.-

En este momento, y observándome en perspectiva me sorprendo tranformada. Luego me pregunto: “¿qué es lo que te sorprende? ¿no ha sido esa tu constante desde que naciste? ¿la evolución, el aprendizaje, el cambio permanente?”

La vida es una masa cuya forma varía instante tras instante, son figuras superpuestas cada vez distintas y los humanos no escapamos a esta fórmula. Menos aún cuando estamos abiertos a lo que cada momento quiere mostrarnos, cuando nos lanzamos a lo desconocido aún con miedo, cuando somos permeables y vulnerables, cuando renunciamos a paradigmas y estructuras rígidas y nos atrevemos a confiar en Esa Verdad limpia de prejuicios y programaciones que todos llevamos dentro.

Viendo “hacia atrás”, me observo en perspectiva… año tras año, més a més, día a día… he sido tantas personas diferentes, he creído, dejado de creer y vuelto a creer, he juzgado, dejado de juzgar y vuelto a juzgar, he amado, dejado de amar y vuelto a amar, y en cada tramo aprendo, maduro, disfruto, sufro, me expando, me contraigo, voy acumulando aprendizaje y mi visión de mí misma, de los demás, de la vida y del mundo se hace más y más extensa.

Hoy me digo: “no te detengas, sigue atreviéndote, sigue confiando aún con tus rodillas raspadas y con una que otra lágrima, las cicatrices son tesoros que recuerdan lo aprendido, no dejes de disfrutar, ni de maravillarte, ni de agradecer, aprecia la infinita gama de colores que estar aquí te ofrece, continúa… es una aventura y merece ser experimentada al máximo”.

Adicción emocional ¿cómo funciona?

masca¿Es posible ser adicto a sufrir, enojarse o sentir frustración? Diversos estudios del cerebro y la anatomía humana han comprobado que sí.

La mayoría de las personas responderían ante esta afirmación: “¿estás loco?, ¡es absurdo que me digas que yo me provoco a mí mismo sufrimiento!”. Resulta que en gran parte de los casos, no es algo que hagamos “a propósito”, más bien responde a un mecanismo del cerebro y las células de nuestro cuerpo, que con el tiempo crea la tendencia a repetir el mismo estado emocional una y otra vez.

Te explico a grandes rasgos y de forma simple cómo funciona. En el cerebro humano existen conexiones y redes neuronales que nos permiten procesar e interpretar lo que experimentamos, usando la información transmitida desde los sentidos. También gracias a ellas conservamos recuerdos. Es así como vamos “archivando” conocimiento a lo largo de la vida y, dependiendo de la única y particular historia de cada quien, será la interpretación que se tenga de lo que pasa en el día a día. La frase “cada cabeza es un mundo”, describe a la perfección la realidad de la experiencia humana.

Hay conexiones neuronales flexibles, que se modifican a medida que cambiamos de paradigmas o integramos nuevos aprendizajes, sin embargo hay otras que se fortalecen y rigidizan cada vez más, por la repetición de patrones de pensamiento. ¿Cuántas veces te has encontrado “dándole vueltas” a lo mismo una y otra vez? Bueno, esto significa que haz entablado una relación a largo plazo con una idea (red neuronal) que ahora “sale a la superficie” de manera automática.

redneuronal1Pero vayamos a las emociones… hay pensamientos que provocan determinadas reacciones, y es un proceso natural del organismo que así sea. Por ejemplo, en muchas ocasiones, es necesario sentir miedo para poder estar alerta y huir del peligro, o experimentar tristeza para poder procesar un duelo y posteriormente soltar lo perdido y continuar. Pero ¿qué pasa cuando sentimos miedo, tristeza, enojo o frustración sin estar atravesando por una situación que verdaderamente lo amerite?

Esto sucede: nuestro cerebro, además de ser un maravilloso e intrincado procesador de información, también es una fábrica de químicos. Cada emoción, hace que se produzca una descarga de sustancias que se distribuyen a través del torrente sanguíneo para finalmente alojarse en las células del cuerpo. Es un aviso de que algo está sucediendo y así es como nos preparamos para reaccionar de forma pertinente (seguramente habrás escuchado hablar de la adrenalina, este es uno de los muchos elementos que segrega el cerebro y más específicamente, el hipotátamo).

Así como la repetición de un pensamiento fortalece a determinadas conexiones y redes neuronales, a nivel celular produce mayor cantidad de receptores para algunos químicos en particular. Cuando estos químicos dejan de producirse, bien sea por la decisión consciente de cambiar o por la ausencia de acontecimientos que disparen la emoción, surge una reacción de “protesta” o, para ser más exactos, el síndrome de abstinencia en las células que se han habituado a recibirlos. En la mayoría de los casos, buscamos de manera inconsciente propiciar situaciones o volver a recurrir a pensamientos que nos provean de “esa” emoción a la que, sin saber, nos hemos vuelto adictos.

Ahora, ¿es posible revertir esto? ¡Claro que lo es! Hacernos conscientes de la tendencia a sentirnos de cierto modo y tener la firme intención de cambiarlo, marca la diferencia. Contando con toda esta información, puedes comprender el proceso e intervenir para transformarlo, cada vez que interrumpes un pensamiento repetitivo y lo sustituyes por otro, estás flexibilizando y provocando cambios en una red neuronal y creando nuevas conexiones en tu cerebro que propicien estados de ánimo más positivos y armónicos. Por otra parte, el saber cómo funciona este proceso te permite ser más tolerante contigo mismo cuando encuentres resistencias internas, ¡vamos, sí se puede!


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Fuente informativa: Película – Documental “What the bleep do we know!” -2004-

Valentía y Vulnerabilidad

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Es realmente un acto heroico atreverse a ahondar en uno mismo, y mirar de frente lo que se ha reprimido o ignorado por mucho tiempo para evitar el dolor, la incomodidad o la vergüenza. Aceptar y abrazar a esos mal llamados “fantasmas internos” , enfrentarse a verdades que hemos enterrado y permitir entregarnos a lo que surja con ello, requiere de mucho coraje. Más aún cuando los estándares sociales juzgan como debilidad a la capacidad de sentir y expresar miedo, tristeza, rabia o frustración. Estamos convencidos de que lo ideal es “vernos siempre lindos”, aunque el costo sea andar como autómatas desconectados de nuestra esencia y del entorno en que nos desenvolvemos. Uno de los pioneros en psicoterapia Gestalt y Eneagrama, Claudio Naranjo, afirma: “Entrégate a la desazón y al dolor de la misma manera en que te entregas al placer. No limites tu consciencia.” Es una realidad que la capacidad que desarrollemos para experimentar felicidad y disfrutar plenamente de la vida, es directamente proporcional a la de sentir toda la gama de emociones inherentes a nuestra naturaleza humana.

Esto último no significa de ninguna manera que debamos andar por ahí “sufriendo como Magdalena” o convertirnos en “el demonio de Tazmania”, por el contrario, señala la importancia de estar en contacto con lo que surja interiormente, para así poder procesarlo y expresarlo en el momento oportuno, de manera sana, respetuosa y responsable, viviendo más intensamente.

¿Cómo se convirtió en un desafío decirnos a nosotros mismos o a los demás la verdad?

Lo aprendimos primero en casa y luego en el entorno donde crecimos. Vimos que era arriesgado mostrarnos completamente y que el amor que recibíamos, dependía de qué tanto complaciéramos las expectativas de quienes nos rodeaban. Decir: “no”, “tengo miedo”, “me duele” o “estoy enojado”, con frecuencia venía seguido de una respuesta de rechazo o, peor aún, de frases del tipo: “así no te quiero”. Aprendimos a camuflarnos para sentirnos integrados y amados. También a juzgar, dentro y fuera de nosotros mismos, todo aquello que interiorizamos como inaceptable, cosa que además nos da esa efímera e ilusa satisfacción de “tener la razón”. Al llenarnos de prejuicios, alejamos la posibilidad de establecer un contacto realmente profundo con el otro y de amar a plenitud. Los temores y etiquetas empañan nuestra visión y traen sufrimiento. Por otra parte, vivir con miedo a mostrarnos tal cual somos, coarta significativamente nuestra libertad, a la vez que nos desgasta.

Ser empáticos, es un trabajo que comienza de la piel para adentro. El auto-conocimiento y la auto-aceptación requieren de valentía, AMOR, encontrar herramientas para hacerlo (¡que hoy en día abundan!) y/o apoyo terapéutico. Recorrer este camino es, sin duda alguna, la más fructífera y satisfactoria aventura que puedes emprender. ¡Atrévete a Ser quien Eres!

“El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”  – Buda –


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